Quienes somos?
 


Desde la época prehispánica y hasta nuestros días, la montaña y la caverna han tenido continuidad de uso como sitios sagrados, por ello el proyecto Montañismo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) pretende crear un equipo representativo de la institución para realizar estudios de carácter arqueológico y antropológico en alturas y profundidades considerables. 

La iniciativa surgió a mediados de 2005 con el fin de interesar a docentes e investigadores, pero sobre todo a estudiantes de las siete licenciaturas que se imparten en la ENAH, en la práctica del ascenso en alta y media montaña, así como de la espeleología, con miras a indagar la relación entre naturaleza y cultura que existe en torno a elevaciones y oquedades naturales del territorio nacional.

 

Héctor Meza Morales, uno de los cinco instructores que conforman el equipo de montañismo de la ENAH, precisó que el curso se divide en tres etapas, cada una de ellas con duración de un semestre. La primera fase consiste en una instrucción básica sobre las técnicas de alta montaña y de espeleología, básicamente escalada a manos libres y rapel, además del adiestramiento en primeros auxilios.

 

La parte de rapel (sistema de descenso por cuerda utilizado en superficies verticales) se lleva a cabo en una primera instancia en la propia escuela y conforme avanza el aprendizaje se escalan algunas paredes naturales localizadas en delegaciones como la Magdalena Contreras en el Distrito Federal, o bien, en La Marquesa, Estado de México.

 

“Nuestra intención es crear montañistas, no montañeros. La diferencia radica en que los primeros se manejan con respeto hacia la montaña y se ocupan de su conservación, por eso todas las etapas de instrucción incluyen también la lectura de publicaciones que abordan el concepto mesoamericano de estos espacios y los sitios de culto localizados hasta el momento en el Altiplano Central, por citar algunos aspectos.”

 

La segunda etapa de la capacitación es de carácter técnico, tanto de alta montaña como de espeleología, en ésta los estudiantes adquieren los conocimientos necesarios para escalar —uso del piolet (pico o bastón), de crampones (pieza de metal con picos que se sujeta a la suela de las botas), de ropa térmica y casco, entre otros— y realizar descensos con tiros verticales en cuevas y sótanos.

 

Finalmente, la fase de especialización implica comenzar estudios específicos en alta montaña, cavernas y sótanos; éstos van de la prospección de sitios arqueológicos, a la investigación sobre la reducción de los glaciares perennes del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, así como también acerca de la deforestación a alturas considerables por pastoreo, de tipo histórico sobre comunidades cercanas y de registro de flora y fauna.

 

El equipo de montañismo de la ENAH colabora de manera directa con otros proyectos de esa institución, próximamente realizará una prospección de la Cueva del Sacromonte ubicada en Amecameca con el propósito de conocer si posee conexiones directas con la iglesia aledaña. Este trabajo surge a petición del proyecto encabezado por la doctora Margarita Loera, titulado Conservación del patrimonio cultural y natural en los volcanes.

 

Héctor Meza, antropólogo físico y encargado del departamento de Difusión de la ENAH, mencionó que cada semestre existe un aproximado de entre 30 y 40 interesados en incorporarse al equipo de montañismo, sin embargo luego de la inspección médica y la prueba de acondicionamiento físico, estas cifras se reducen a la mitad.

 

“El equipo entrega un informe trimestral de las salidas que realiza, así como de la preparación física de los alumnos dado que la pretensión es que incluso puedan hacer una excavación a 4,000 o 5,000 metros de altura. Como jefe de montañismo se encuentra el antropólogo físico Ricardo Cabrera Aguirre, y apoyan en estas tareas los instructores Rafael Mora, Carlos González y Víctor Hugo Anaya.”

 

“Ascendemos las principales cumbres del Altiplano Central y, en general, del país: el Pico de Orizaba, el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, el Nevado de Toluca y La Malinche. Como parte de la preparación contemplamos algunas de las elevaciones de la Sierra Nevada, como es el caso de los cerros Tláloc, Telapón y Papayo.”

 

“Y para el caso de la espeleología damos inicio con descensos en lugares como la Cueva de la Mariposa y el Sótano de los Coyotes en Acuitlapan, Guerrero, y en el apartado de especialización acudimos a otras más complicadas como el Sótano de las Golondrinas en San Luis Potosí, el cual tiene un tiro de 400 m en forma de campana.”

 

La exploración espeleológica que se lleva a cabo en cavidades localizadas en los estados de Puebla, Oaxaca y Guerrero, se encamina al conocimiento de ceremonias que comunidades indígenas nahuas, mazatecas, zapotecas y mixtecas, realizan en estos subterráneos y que reflejan una fuerte presencia del pensamiento mesoamericano.

 

Entre el equipo personal que los interesados en pertenecer a montañismo de la ENAH deben tener —desde la segunda etapa de la instrucción—, se encuentran: tienda de campaña, ropa térmica, botas, casco, piolet, crampones, arnés y mosquetón. Mientras, el proyecto proporciona: ochos (ganchos), cuerdas estáticas y dinámicas —de varios espesores—, marimbas y ascensores de mano y de pecho.

 

“Muchos alumnos están interesados y nuestra intención a corto plazo es establecer el equipo de montañismo ENAH como un proyecto formal y que de éste deriven tesis e investigaciones. También esperamos en 2008 poder realizar cursos de montañismo y espeleología dirigidos al público externo”, concluyó Héctor Meza.

 

 
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